"La academia en Chile" por Soledad Martínez Labrín
Sat 29 May 2010 19:36:53 | 6 comments
La academia en Chile parece ser un espacio mayoritariamente masculino y las cifras lo demuestran. En 2005 sólo el 16% de las rectorías de educación superior eran ocupadas por mujeres (Saracostti, 2006), además, dentro de las universidades, a medida que se sube en jerarquía académica la proporción de mujeres baja, lo cual tiene consecuencias tanto en la seguridad de los contratos, como en las remuneraciones (Araujo y Moreno, 2005). Monserrat y Saracostti (2006) han tipificado la “paradoja de la mujer chilena”, formada por dos aspectos; por un lado, la incoherencia entre la cantidad de mujeres que acceden a la educación superior y la proporción ínfima de ellas que alcanza posiciones directivas en dicho ámbito. Por otra parte, una creencia progresista en la capacidad de las mujeres para incorporarse a puestos de poder, versus la posibilidad concreta de que ello suceda.
Mientras las mujeres académicas muestran grandes habilidades emprendedoras e importantes competencias para el prestigio, no parecen establecer redes de trabajo conjunto con otras académicas, lo cual les lleva a invertir mucha más energía en un logro que, siendo equivalente, surge de las redes de trabajo habituales entre los hombres (Ledwith y Manfredi, 2000). Similarmente ocurre en las evaluaciones de proyectos, en las cuales, cuando los evaluadores son mayoritariamente hombres, tienden a reproducir patrones simbólicos patriarcales (Berríos, 2005). Por último, está el doble rol que las mujeres profesionales (y las académicas) deben desempeñar, ya que en su mayoría son también madres o dueñas de casa (Saracostti, 2006).
Se ha visto que la reproducción demora la entrada de las mujeres en la academia, lo que las hace en promedio, mayores que sus colegas hombres. Con políticas públicas y privadas que premian la juventud en investigación y postgrado (con límites de 35 años para la mayoría de las becas), casi siempre las mujeres quedan fuera de los premios a la precocidad académica (Acker, 1994). También varios estudios muestran que las académicas “exitosas” tienen mucho menos probabilidades de casarse o tener hijos e hijas que sus colegas hombres (Acker, 1994). Esto, lejos de ser el producto de la incapacidad de las mujeres de compatibilizar ambos mundos, familia y trabajo, tiene que ver con la políticas universitarias, que no contemplan el mundo familiar ni en el caso de los hombres, ni en el de las mujeres, pero al tener éstas la carga tradicional del cuidado familiar, son las que sienten con mayor impacto esta omisión (Berríos, 2007; Ledwith y Manfredi, 2000).
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zulema contreras
23 months ago
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Bastian Antonio Gutierrez Jara
23 months ago
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Alejandra
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corina
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Diana Castillo Serrano
22 months ago
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un hombre
20 months ago
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